Mineros observan La Rinconada al atardecer, la ciudad habitada más alta del mundo en los Andes del Perú, rodeada de montañas nevadas y luces cálidas.

La Rinconada: el lugar donde Perú desafía al cuerpo humano y a la lógica

Mike Munay

A más de 5.100 metros sobre el nivel del mar, donde el cielo parece estar al alcance de la mano y el aire se vuelve un lujo, existe una ciudad que desafía a la propia idea de lo habitable.

La Rinconada, suspendida sobre hielo eterno y roca desnuda, es la ciudad habitada más alta del mundo, un lugar donde el día a día de 50.000 personas exige un pequeño pacto con el cuerpo y cada respiración recuerda que la vida aquí se vive en hipoxia.

La Rinconada se encuentra en la región de Puno, dentro de la provincia de San Antonio de Putina y el distrito de Ananea, en pleno altiplano del sur del Perú. Desde este rincón andino, tan cercano al cielo como al Lago Titicaca (el lago más alto del mundo), esta ciudad forma parte de una de las zonas culturalmente más ricas y simbólicas del país.

El frío muerde incluso cuando el sol brilla. En La Rinconada, las temperaturas rondan entre –5 °C y 5 °C durante todo el año, con vientos constantes y nevadas frecuentes que azotan la montaña. Sin árboles ni calles que amortigüen el clima, todo debe llegar por carreteras frágiles donde incluso los motores y los pulmones luchan contra la altura.

Vivir en La Rinconada significa convivir con un oxígeno escaso que hace que los cuerpos se modifiquen biológicamente para sobrevivir. Sin embargo, miles de personas hacen de este lugar su hogar, creando una ciudad con una energía única.

En este rincón extremo del Perú, la biología, la geografía y la voluntad humana se encuentran en un equilibrio tan frágil como fascinante, recordándonos que este país no solo se extiende a lo largo de costas, selvas y valles, sino también hacia las alturas más imposibles del planeta.

Cómo es el día a día en La Rinconada

Vivir en La Rinconada no es simplemente habitar un lugar alto. Es despertar cada mañana en un territorio donde el cuerpo aún está negociando con la falta de oxígeno y el frío no perdona ni siquiera dentro de casa. Las jornadas empiezan antes de que el sol asome entre las montañas, porque aquí cada hora cuenta y la energía física es un recurso tan valioso como el oro que se esconde bajo el hielo.

La mayoría de las personas dedica su vida a la minería artesanal. Hombres y mujeres entran a los túneles excavados en la montaña, avanzando por galerías húmedas y oscuras donde el aire es aún más escaso que en la superficie. Allí, a miles de metros sobre el nivel del mar, extraen roca, la cargan a la espalda y la llevan hasta el exterior con la esperanza de que contenga una pequeña fracción del metal que da sentido a todo este sacrificio. Es un trabajo duro, repetitivo y físicamente extremo, pero también es el motor que sostiene la ciudad.

Fuera de las minas, La Rinconada se mueve como un organismo que se adapta a lo imposible. Hay personas que cocinan para los mineros, otras que venden herramientas, comida o ropa de abrigo, y muchas que reciclan, transportan o comercian con lo poco que logra llegar hasta aquí. Cada objeto, desde una botella de agua hasta una bombona de gas, ha tenido que subir por carreteras de montaña y alturas donde la logística es tan desafiante como la propia vida.

En esta adversidad, surgen mercados improvisados, pequeñas tiendas y hogares construidos con lo que se tiene a mano. La Rinconada es una lección diaria de ingenio y resistencia: un lugar donde sobrevivir ya es una forma de triunfo, y donde miles de peruanos convierten una de las geografías más duras del planeta en una comunidad que no se rinde.

La vida en hipoxia

A más de cinco mil metros de altitud, el oxígeno deja de ser un fondo invisible y se convierte en el protagonista de cada instante.

En La Rinconada, cada respiración contiene menos moléculas de oxígeno que al nivel del mar, y el cuerpo humano tiene que reinventarse para poder seguir funcionando. Los pulmones respiran más rápido, el corazón bombea con más fuerza y la sangre comienza a producir una mayor cantidad de glóbulos rojos para capturar hasta la última partícula de oxígeno disponible. Es una adaptación biológica real, una versión andina del cuerpo humano afinada para sobrevivir donde otros simplemente no podrían.

Este proceso se conoce como poliglobulia de altura o eritrocitosis: el organismo fabrica más hemoglobina y más glóbulos rojos para compensar la hipoxia crónica. Gracias a ello, las personas que viven durante años en La Rinconada desarrollan una capacidad extraordinaria para transportar oxígeno, lo que les da una resistencia notable cuando realizan esfuerzos físicos en altitud. Es una ventaja real, casi una superpotencia fisiológica, moldeada por la montaña.

Pero esa adaptación también tiene un precio. Al tener más glóbulos rojos, la sangre se vuelve más espesa y el corazón trabaja con mayor intensidad. El cuerpo vive en un equilibrio delicado, perfectamente calibrado para la altura, pero no para otros entornos.

Cuando los habitantes de La Rinconada descienden a zonas más bajas, como la costa, ocurre algo curioso. El oxígeno se vuelve abundante, pero su sangre sigue siendo "de altura". Hay entonces demasiado transporte de oxígeno para un entorno donde ya no escasea, lo que puede generar en algunas personas una sensación de pesadez, dolor de cabeza, calor, mareo o cansancio extraño. Es el efecto de una sangre diseñada para la escasez funcionando en un mundo de abundancia.

Para quienes no viven en altura, el viaje en sentido contrario es igual de impactante.

Subir hasta La Rinconada suele provocar fatiga, dolor de cabeza, náuseas y una sensación de que el aire no llena los pulmones. Ese malestar tiene nombre en los Andes: soroche, el mal de altura. Es la respuesta natural del cuerpo a la hipoxia, una señal de que aún no ha tenido tiempo de adaptarse a un entorno donde incluso respirar requiere aprendizaje.

Si quieres saber más detalles sobre cómo es la vida en hipoxia en altitudes tan extremas, puedes consultar este excelente artículo -> https://science-driven.pro/blogs/medicina/hipoxia-vida-altitud

El oro como motor de esperanza

En La Rinconada, el oro es una filosofía de vida, una fuerza invisible que empuja a miles de personas a levantarse cada día y volver a internarse en la montaña. Aquí, cada piedra puede contener una historia distinta, y esa posibilidad, por pequeña que sea, es suficiente para sostener una ciudad entera en uno de los lugares más extremos del planeta.

El oro ha acompañado al Perú desde tiempos ancestrales. Fue sagrado para las civilizaciones prehispánicas, símbolo de poder, de conexión con lo divino y de riqueza natural. En La Rinconada, ese legado sigue vivo, transformado en una búsqueda diaria que mezcla tradición, fe y pura determinación humana. La montaña guarda su tesoro como un secreto, y quienes viven aquí dedican su vida a intentar descifrarlo.

Más allá del valor económico, el oro funciona como un motor psicológico. Representa la posibilidad de cambiar de vida, de enviar dinero a la familia, de construir algo mejor en otro lugar del país. Es una chispa de futuro en un entorno donde el presente es duro, pero nunca está vacío de significado. En ese brillo dorado, Perú muestra una de sus facetas más poderosas: la de un pueblo que, incluso en las alturas más inhóspitas, sigue creyendo en la promesa de mañana.

La Rinconada: una ciudad que se construye y celebra a sí misma

La Rinconada no nació de un plan urbano ni de un diseño estatal. Nació de personas. Casas levantadas con lo que se tiene a mano, tiendas improvisadas y cocinas que humean entre el hielo y el barro forman un paisaje urbano tan frágil como extraordinario, donde cada pared y cada tejado cuentan una historia de ingenio peruano.

No hay un gran sistema que lo organice todo, pero sí una red invisible de acuerdos, costumbres y colaboración. Quien llega encuentra a alguien que vende comida caliente, a alguien que alquila una habitación, a alguien que ofrece herramientas o transporte. La vida se articula en pequeños intercambios. Es una forma de urbanismo espontáneo, donde la necesidad se convierte en arquitectura y la comunidad en infraestructura.

Cuando el trabajo en la mina termina y el sol se esconde tras las cumbres heladas, la ciudad cambia de ritmo. De las casas y de los pequeños locales empiezan a salir risas, música, platos calientes y botellas compartidas. Celebrar se convierte en una forma de resistencia y también de identidad.

  • La comida ocupa un lugar central. En La Rinconada, los platos abrigan. En las mesas aparecen caldos de cordero y de gallina, sopas de quinua, chupe caliente, papas andinas, arroz con carne, trucha del altiplano y guisos preparados con ají, cebolla y hierbas de la sierra. Ingredientes sencillos, profundamente peruanos, que aportan energía y calor a cuerpos que viven en hipoxia y frío permanente. Compartir estos platos es también una forma de sostenerse unos a otros frente a la dureza de la montaña.
  • La música hace lo mismo de otra forma: huaynos, cumbia, salsa y sonidos que llegan desde otras partes del país llenan el aire delgado de vida, recordando que Perú también late aquí, en lo más alto.

Así, incluso en este techo urbano del mundo, La Rinconada demuestra que la vida no es solo resistencia. Es creación, encuentro y calor compartido. Cultura, alegría y una profunda voluntad de seguir adelante.

La Rinconada como símbolo del Perú

La Rinconada es una metáfora viva de lo que es Perú. Un país que se estira desde el océano hasta las cumbres más extremas, desde la abundancia del mar hasta la escasez del aire, y que aun así mantiene una identidad profunda y vibrante en cada rincón.

En este lugar imposible se encuentran muchas de las fuerzas que definen al Perú: una geografía que desafía, una naturaleza poderosa, una historia marcada por la búsqueda de riqueza y, sobre todo, una capacidad humana extraordinaria para adaptarse, crear y seguir adelante. La gente que vive en La Rinconada no solo sobrevive a la altura, la convierte en hogar, demostrando que el espíritu peruano es tan resistente y diverso como su territorio.

Desde las minas heladas hasta las playas del Pacífico, desde la hipoxia de los Andes hasta el aire salado de la costa, Perú es un país de contrastes que no se cancelan, se complementan. La Rinconada, suspendida entre el cielo y la tierra, nos recuerda que este país no se mide solo en kilómetros, sino en la infinita variedad de formas en las que su gente aprende a vivir, soñar y celebrar.

Preguntas frecuentes sobre La Rinconada

¿Dónde está La Rinconada?

La Rinconada se encuentra en el sur del Perú, en la región de Puno, dentro de la provincia de San Antonio de Putina y el distrito de Ananea, en pleno altiplano andino.

¿Por qué La Rinconada es la ciudad más alta del mundo?

La Rinconada está situada a más de 5.100 metros sobre el nivel del mar, una altitud donde muy pocas ciudades del planeta pueden existir de forma permanente.

¿Cómo puede vivir la gente con tan poco oxígeno?

Las personas que viven en La Rinconada desarrollan adaptaciones biológicas, como una mayor cantidad de glóbulos rojos, que les permite transportar mejor el oxígeno en un entorno de hipoxia.

¿Qué es el soroche?

El soroche es el nombre andino del mal de altura. Aparece cuando una persona asciende rápidamente a zonas muy elevadas y su cuerpo aún no ha tenido tiempo de adaptarse a la falta de oxígeno.

¿A qué se dedica la mayoría de la población de La Rinconada?

La principal actividad económica de La Rinconada es la minería artesanal de oro, que sostiene la vida y el funcionamiento de la ciudad.

¿Por qué tanta gente quiere vivir en La Rinconada?

Porque para las 50.000 personas que habitan La Rinconada el oro representa una oportunidad de mejorar su futuro, enviar dinero a sus familias y construir una vida mejor en otras partes del Perú.

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4 comentarios

Joba me han dado ganas de ir a visitarlo y todo!! Que sitio tan humano y bonito, quitando la falta de oxígeno claro. Excelente artículo!

Noa

Bonito y curioso artículo.

Miguel

excelente y entendible articulo¡¡ me ha dado a conocer unos datos que no sabia de mi hermoso Perú

rocio

excelente y entendible articulo¡¡ me ha dado a conocer unos datos que no sabia de mi hermoso Perú

rocio

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