Los manglares del Perú, el bosque que vive entre el río y el mar
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El Perú tiene manglares en apenas dos puntos de su costa, los dos en el extremo norte. El grande está en Tumbes, donde el Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes protege 2.972 hectáreas de bosque anfibio entre la desembocadura del río Tumbes y Punta Capones, en la raya con Ecuador. El otro, mucho más pequeño, resiste a 5 grados y medio de latitud sur, metido en el desierto de Sechura. Entre los dos suman una franja mínima del territorio nacional y concentran una densidad de vida que no tiene comparación en toda la costa peruana.
Aquí crece un árbol que bebe agua salada, un molusco que tiene sangre roja y un cocodrilo que llegó desde Florida y decidió quedarse en el último estero antes del Pacífico frío. Vale la pena entender cómo funciona todo eso antes de pedir el próximo ceviche de conchas negras.
Por qué los manglares peruanos solo caben en el extremo norte
Un manglar necesita cuatro cosas al mismo tiempo. Agua templada. Costa resguardada del oleaje fuerte. Un río que aporte agua dulce y sedimento fino. Y una marea que suba y baje para inundar y drenar el fango dos veces al día. Esa combinación se da en casi todo el cinturón tropical del planeta. En la costa sudamericana del Pacífico se corta de golpe.
La culpa la tiene el sistema de corrientes frías que recorre el litoral peruano. El agua de la corriente de Humboldt baja la temperatura superficial del mar y frena en seco la distribución del mangle. Por eso el bosque de Tumbes pertenece a la ecorregión del Golfo de Guayaquil, que comparte con Ecuador, y por eso el último relicto aparece a la altura de Vice, en Piura, y ya no continúa hacia el sur. Los manglares peruanos son, literalmente, la frontera meridional del ecosistema en todo el Pacífico americano.
El santuario tumbesino ocupa la provincia de Zarumilla, a unos 10 metros sobre el nivel del mar, y se extiende desde Boca Capones hasta Playa Hermosa. Los ríos Tumbes y Zarumilla desembocan dentro de él y forman un laberinto de esteros, islotes y canales de barro por donde solo se entra en bote o en canoa. Los mangles más viejos levantan copas de hasta 25 metros. Vistas desde el agua, esas copas cierran el cielo y el bosque parece una selva flotante.
La ingeniería del mangle, un árbol con los pies en agua salada
El suelo del manglar es de los peores lugares del mundo para ser una planta. El fango está saturado de agua, casi sin oxígeno, cargado de sal y demasiado blando para sostener un tronco de veinte metros. El mangle resolvió los tres problemas con soluciones distintas y todas visibles a simple vista.
El anclaje y la respiración
El mangle rojo (Rhizophora mangle) se sostiene con raíces zancudas, arcos leñosos que salen del tronco y de las ramas bajas y se clavan en el barro como los tirantes de una carpa. Esas raíces están cubiertas de lenticelas, poros que toman oxígeno del aire cuando la marea baja y se cierran cuando el agua las cubre. El mangle salado (Avicennia germinans) usa otra estrategia y saca del suelo miles de neumatóforos, varillas verticales de hasta 30 centímetros que asoman alrededor del árbol como un campo de pajitas.
La sal
Aquí está el truco fino. El mangle rojo filtra el agua en la propia raíz, cuyas paredes suberizadas funcionan como una membrana de ultrafiltración y dejan fuera la mayor parte de la sal antes de que entre al xilema. El fisiólogo Per Scholander describió el mecanismo en los años sesenta y las mediciones posteriores hablan de exclusiones cercanas al 97 por ciento. El mangle salado permite que la sal entre y luego la expulsa por glándulas en la hoja, donde cristaliza y se la lleva el viento o la primera lluvia. Si pasas el dedo por una hoja de Avicennia en marea baja, te queda salado.
La descendencia
Una semilla normal caída en un fango inundado se pudre antes de germinar. El mangle rojo se saltó el problema con la viviparidad. El embrión germina todavía colgado del árbol madre y forma un propágulo alargado, de 22 a 40 centímetros, que cae al agua ya vivo. Flota tumbado mientras viaja con la marea y, al llegar a un fondo somero, se endereza y echa raíz en cuestión de días. Es una plántula lanzada al mar como un dardo.
El resultado de todo eso va más allá del árbol. La maraña de raíces frena la corriente, retiene el sedimento que traen los ríos y va fabricando suelo nuevo. El manglar no ocupa la costa, la construye.
Los cinco mangles del Perú
En Tumbes conviven cinco especies, repartidas según cuánta sal y cuánta inundación aguanta cada una. El rojo va delante, con los pies siempre en el agua. El botón cierra el bosque por el lado seco.
| Especie | Nombre en la costa norte | Cómo se reconoce |
|---|---|---|
| Rhizophora mangle | Mangle rojo | Raíces zancudas arqueadas que salen del tronco y de las ramas. Corteza rica en taninos. Ocupa la zona más inundada. |
| Rhizophora harrisonii | Mangle colorado | Especie hermana del rojo, con el mismo sistema de raíces zancudas y la misma franja de crecimiento. |
| Avicennia germinans | Mangle salado, prieto o negro | Neumatóforos verticales asomando del fango. Cristales de sal sobre la hoja. Tolera los suelos más salinos. |
| Laguncularia racemosa | Mangle blanco | Hoja ovalada y carnosa, con peciolo rojizo y dos glándulas diminutas en la base del limbo. |
| Conocarpus erectus | Mangle botón o mangle piña | Frutos apiñados en cabezuelas redondas. Crece en el borde más alto y seco, donde el manglar da paso al bosque. |
Fuentes de la tabla. Charcape-Ravelo y Moutarde (2005), Revista Peruana de Biología. Fichas de especies del SERNANP y de la CONABIO.
El santuario, en fechas y cifras
La protección del manglar tumbesino tardó tres décadas en cuajar. En 1957 se creó el Bosque Nacional de Tumbes, que dejaba fuera precisamente los manglares. En 1978 la Resolución Suprema 184-78-VC-4400 los declaró intangibles junto con los esteros, en un intento de frenar la tala que traía la expansión de las langostineras. En 1986 el Centro de Datos para la Conservación de la Universidad Nacional Agraria La Molina publicó la Estrategia de Conservación de los Manglares del Noroeste Peruano, y ese estudio sirvió de base para lo que vino después.
El 2 de marzo de 1988, mediante el Decreto Supremo 018-88-AG, nació el Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes con 2.972 hectáreas. El 20 de enero de 1997 entró en la lista Ramsar de humedales de importancia internacional con el número 883. En 2016 la Unesco lo incorporó como zona núcleo de la Reserva de Biosfera Noroeste Amotapes-Manglares.
Fuera del santuario la conservación siguió creciendo. Según el Ministerio del Ambiente, en 2025 la región Tumbes contaba con unas 5.200 hectáreas de manglar bajo distintas modalidades de protección. A esa cifra contribuyen el Área de Conservación Ambiental Manglares Delta del Río Tumbes y Bahía Puerto Pizarro, con 1.927,84 hectáreas, más la del Estero La Chepa Corrales, con 313,54.
Qué animales viven en los manglares de Tumbes
Los inventarios varían según quién cuente y cuándo, así que conviene tomar las cifras como órdenes de magnitud. El SERNANP habla de más de 150 especies de aves, alrededor de 19 de ellas endémicas de la región tumbesina. Los estudios que sustentaron la creación del santuario registraron unas 105 especies de peces residentes y cerca de 40 visitantes, 34 crustáceos, 33 caracoles, 24 bivalvos, 9 reptiles y 10 mamíferos. Para 2.972 hectáreas, es una barbaridad.
Las aves
El manglar funciona como una estación de servicio en la ruta migratoria del Pacífico americano. Las aves playeras del hemisferio norte empiezan a llegar en agosto y la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras reconoce el sitio por la presencia de más de 20.000 individuos. Algunas se quedan y otras siguen viaje hacia el sur, como el zarapito trinador o el falaropo tricolor. El chorlo de pico grueso (Charadrius wilsonia beldingi) llegó y se quedó a criar.
Entre las residentes están el huaco manglero (Nyctanassa violacea), la gallina de mangle (Aramides axillaris), el ibis blanco (Eudocimus albus) y la fragata (Fregata magnificens). La joya de los madrugadores es la garza tigre (Tigrisoma mexicanum), con el cuello rayado, que caza inmóvil en la orilla de los esteros Algarrobo, Soledad y Zarumilla. En la laguna El Palmal hay flamencos.
Los mamíferos discretos
Nadie viene al manglar a ver mamíferos y aun así están. El perrito conchero (Procyon cancrivorus) recorre el fango de noche buscando cangrejos, con esas manos delanteras que parecen de otro animal. La nutria del noroeste (Lontra longicaudis) usa los canales como autopista. Y en las copas se ha registrado el osito manglero (Cyclopes didactylus), el oso hormiguero más pequeño del mundo, del tamaño de una taza de café.
La concha negra, el molusco con sangre
La concha negra (Anadara tuberculosa) es un bivalvo de la familia Arcidae que vive enterrado entre 10 y 30 centímetros en el fango que rodea las raíces del mangle rojo. Se distribuye desde Baja California hasta el norte del Perú, y en territorio peruano solo aparece en los manglares del extremo norte. Ningún otro sitio del país la produce.
Aquí viene el dato que casi nadie conoce. Los moluscos suelen transportar el oxígeno con hemocianina, una proteína con cobre que da a su sangre un tono incoloro o azulado. Las conchas del género Anadara son de las poquísimas excepciones. Tienen glóbulos rojos con hemoglobina, la misma proteína con hierro que llevamos nosotros, y por eso su hemolinfa es de un rojo oscuro intenso. En inglés y en varias costas del Pacífico las llaman almejas de sangre. Esa hemoglobina no es un capricho evolutivo. Fija y almacena oxígeno mucho mejor que la hemocianina, y en un fango donde el oxígeno escasea eso decide quién vive y quién no.
El jugo oscuro que tiñe el ceviche de conchas negras sale de ahí. Lo que estás comiendo es un animal que respira como un vertebrado en un barro donde ningún vertebrado aguantaría.
Mientras filtra materia orgánica para alimentarse, la concha negra limpia el agua del estero. El IMARPE la describe como depuradora natural del ecosistema, y ese servicio invisible es tan valioso como el marisco.
Los concheros y la veda
La extracción se hace a mano, tumbado en el barro, metiendo el brazo entre las raíces hasta tocar la concha. Es un oficio que se aprende mirando y que se transmite de padres a hijos desde antes de la llegada de los españoles. El 8 de febrero de 2022, mediante la Resolución Viceministerial 000036-2022-VMPCIC/MC, el Ministerio de Cultura declaró Patrimonio Cultural de la Nación los conocimientos, saberes y prácticas asociados a la extracción de moluscos de manglar, en particular de la concha negra y del cangrejo rojo. No se declaró el marisco. Se declaró la manera de sacarlo.
Para que ese oficio siga existiendo hay reglas. La talla mínima de extracción de la concha negra es de 45 milímetros de longitud valvar y la del cangrejo del manglar de 65 milímetros de ancho de caparazón. Y cada año hay veda.
| Especie | Veda anual | Norma |
|---|---|---|
| Concha negra y concha huequera | 15 de febrero a 31 de marzo | R.M. 014-2006-PRODUCE |
| Cangrejo del manglar | 15 de enero a 28 de febrero y 15 de agosto a 30 de septiembre | R.M. 445-2014-PRODUCE |
| Concha pata de burro | 1 de febrero a 31 de marzo | R.M. 107-2022-PRODUCE |
| Las fechas pueden variar cada año por recomendación técnica del IMARPE. Conviene comprobar la campaña vigente antes de comprar. | ||
Durante la veda queda prohibida la extracción, el transporte, el procesamiento y la venta. Fuera de ella, la temporada de la concha negra va del 1 de abril al 14 de febrero. Si te ofrecen conchas negras en marzo, algo no cuadra.
El cangrejo del manglar, el jardinero del bosque
El cangrejo del manglar (Ucides occidentalis), que en Tumbes llaman cangrejo rojo, excava madrigueras profundas en el fango y sale a comer hojarasca de mangle. Con eso hace dos trabajos a la vez. Airea un suelo que sin él estaría completamente asfixiado y devuelve al ecosistema, convertida en materia disponible, la hoja caída que de otro modo tardaría meses en descomponerse. Buena parte de la cadena alimentaria del estero arranca en su digestión.
Es también el otro pilar de la mesa tumbesina, en la parihuela, en el sudado y en el arroz. La presión de la demanda gastronómica llegó a poner la especie contra las cuerdas dentro del santuario. Desde 2015 el trabajo conjunto entre el SERNANP y las asociaciones de pescadores artesanales viene revirtiendo esa tendencia, con vedas respetadas, control de tallas y extracción autorizada dentro de cupos. Alrededor de 200 personas agrupadas en seis asociaciones del Consorcio Manglares gestionan hoy la extracción y el turismo dentro del área protegida.
El cocodrilo de Tumbes, el vecino más antiguo
El cocodrilo americano (Crocodylus acutus) es el mayor cocodrílido del continente y su distribución arranca en el sur de Florida y termina exactamente aquí. Los manglares y esteros de Tumbes son el último punto de su rango mundial. Por eso en el Perú se le llama cocodrilo de Tumbes, y por eso su suerte importa más allá de la región.
Su historia peruana es la de un repliegue seguido de un regreso lento. Los registros históricos que recopiló Federico Medem lo situaban en los ríos Zarumilla, Tumbes y Chira. Las evaluaciones posteriores lo dan por desaparecido de la cuenca del Chira y confinado a los esteros tumbesinos y al Puyango-Tumbes. La caza quedó prohibida en 1950 con la Resolución Suprema 345, aunque el daño ya estaba hecho. En un recorrido realizado entre 2002 y 2003, Armando Escobedo-Galván y Fernando Mejía estimaron una densidad de 0,18 individuos por kilómetro, una de las más bajas registradas para la especie en toda su distribución.
La respuesta llegó por la vía de la cría en cautiverio. El centro de La Tuna Carranza, en Zarumilla, mantiene un plantel reproductor y libera juveniles en el estero. En 2017 el Banco Central de Reserva le dedicó una moneda de un sol dentro de la serie Fauna Silvestre Amenazada del Perú. Un animal que estuvo a punto de desaparecer del país acabó en el bolsillo de todos los peruanos.
Carbono azul, el servicio que no se ve
Durante décadas el manglar tuvo mala prensa. Barro, zancudos, madera torcida, terreno que parecía no servir para nada. La ciencia del clima le dio la vuelta al argumento.
En 2011, un equipo encabezado por Daniel Donato publicó en Nature Geoscience la medición del carbono almacenado en 25 bosques de manglar del Indopacífico, contando biomasa aérea, madera muerta y suelo hasta la profundidad real de la turba. El promedio salió en 1.023 toneladas de carbono por hectárea, una de las densidades más altas registradas en cualquier bosque tropical. Entre el 49 y el 98 por ciento de ese carbono está bajo tierra, en suelos orgánicos que van de medio metro a más de tres de profundidad y que llevan milenios acumulándose.
La consecuencia es contundente. Los manglares ocupan alrededor del 0,7 por ciento de la superficie forestal tropical del planeta y su destrucción llega a generar hasta el 10 por ciento de las emisiones globales por deforestación. Talar una hectárea de manglar libera lo que ninguna hectárea de bosque seco o de selva libera.
A eso se suma lo que el manglar hace en el sitio. Amortigua el oleaje y las mareas de tormenta antes de que lleguen a los pueblos, sujeta la línea de costa frente a la erosión y sirve de criadero para peces y langostinos que después se pescan mar adentro. Cada bote de langostino de la bahía se cocinó primero, en fase larvaria, entre esas raíces.
San Pedro de Vice, el manglar del desierto
A unos 50 kilómetros al sur de Piura, en el distrito de Vice, provincia de Sechura, ocurre algo que suena a error cartográfico. En pleno desierto de Sechura, el más extenso del Perú, crece un manglar. Está en la desembocadura del río Sechura, sobre los 5 grados y medio de latitud sur, y es el último del Pacífico americano. Más al sur no hay ninguno.
Es un bosque joven y su expansión está documentada. El biólogo Manuel Charcape, que lo estudió durante años, sitúa el arranque del crecimiento actual en el episodio de El Niño de 1983, cuando la inundación del desierto abrió las condiciones para que el mangle prosperara. Las lluvias de 1997 y 1998 repitieron el efecto. Aquí dominan el mangle salado y el mangle blanco, sin rastro del rojo tumbesino.
El humedal se designó sitio Ramsar el 12 de junio de 2008. Cubre 3.399 hectáreas en total, de las cuales unas 310 son manglar propiamente dicho y 436 bosque seco de algarrobo, y el resto es desierto y franja costera. Su protección se construyó desde abajo, primero como área de conservación municipal impulsada por el distrito de Vice y después con el respaldo del gobierno regional de Piura. En 2021 se sumó su reconocimiento como Área de Importancia para la Conservación de los Murciélagos. Para quien observa aves, la mezcla de desierto, algarrobal y estero produce una lista difícil de conseguir en otro punto de la costa.
Cómo se visita el santuario
Se entra por Zarumilla, a poco más de media hora desde la ciudad de Tumbes, y se recorre en bote o en canoa por los esteros. La marea manda sobre el horario, así que el paseo se programa según la tabla del día y no al revés. Para aves, la primera hora de la mañana en los esteros Algarrobo, Soledad y Zarumilla es lo que hay que buscar.
El registro se hace en los puestos de control y vigilancia del área natural protegida, y los guardaparques indican las rutas abiertas. Si coincides con la marea baja en el Puerto 25 verás a los extractores salir en canoa hacia los conchales, cubiertos de barro de la cabeza a los pies. Merece la pena quedarse mirando un rato. Ese trabajo es el que la República del Perú declaró patrimonio, y se entiende por qué en cuanto lo ves de cerca.
La próxima vez que te sirvan un ceviche de conchas negras, con ese jugo oscuro que no se parece a ningún otro, ya sabes de dónde viene. De un árbol que filtra el mar por la raíz, de un fango sin oxígeno donde un molusco fabrica hemoglobina para poder respirar. Y de alguien que se metió en ese barro con el brazo hasta el hombro para sacarlo. Muy poca comida del mundo tiene detrás una historia natural tan buena.
Mapa interactivo de los manglares de Tumbes
Disfruta de las fotos de los manglares de Tumbes
Preguntas frecuentes sobre los manglares del Perú
¿Dónde están los manglares en el Perú?
Los manglares peruanos se concentran en el extremo norte del país. El núcleo principal está en Tumbes, provincia de Zarumilla, donde el Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes protege 2.972 hectáreas entre la desembocadura del río Tumbes y Punta Capones. El segundo es San Pedro de Vice, en Sechura, Piura, el manglar más austral de todo el Pacífico americano.
¿Qué animales viven en los manglares de Tumbes?
El santuario alberga más de 150 especies de aves según el SERNANP, además de unas 105 de peces, 34 de crustáceos, 33 de caracoles, 24 de bivalvos, 9 de reptiles y 10 de mamíferos. Entre las más conocidas están la concha negra, el cangrejo del manglar, el cocodrilo de Tumbes, el perrito conchero y la garza tigre.
¿Qué es la concha negra?
La concha negra es un molusco bivalvo, Anadara tuberculosa, que vive enterrado entre 10 y 30 centímetros en el fango, junto a las raíces del mangle rojo. En el Perú solo se da en los manglares del norte. Su hemolinfa contiene hemoglobina, algo muy raro entre los moluscos, y de ahí el color oscuro del ceviche.
¿Cuándo es la veda de la concha negra?
La veda anual de la concha negra y la concha huequera va del 15 de febrero al 31 de marzo, según la Resolución Ministerial 014-2006-PRODUCE. Durante esas semanas se prohíbe extraer, transportar, procesar y comercializar el recurso. La temporada de extracción corre del 1 de abril al 14 de febrero y las fechas pueden ajustarse por recomendación técnica del IMARPE.
¿Por qué son importantes los manglares?
Los manglares almacenan más carbono por hectárea que casi cualquier otro bosque tropical. El estudio de Daniel Donato y su equipo, publicado en Nature Geoscience en 2011, midió un promedio de 1.023 toneladas por hectárea. También frenan el oleaje, sujetan la costa frente a la erosión y funcionan como criadero de peces y langostinos.
¿Se puede visitar el Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes?
Sí. El acceso se hace desde Zarumilla, a poco más de media hora de la ciudad de Tumbes, y el recorrido se realiza en bote o en canoa por los esteros. El horario depende de la marea del día. Hay que registrarse en los puestos de control y vigilancia del área y seguir las rutas señalizadas.
Fuentes
- SERNANP, Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes, ficha del área natural protegida.
- Decreto Supremo 018-88-AG, 2 de marzo de 1988. Ficha Ramsar 883, 20 de enero de 1997.
- Ministerio del Ambiente, nota sobre las 5.200 hectáreas de manglar en Tumbes bajo modalidades de conservación, 2025.
- Resolución Viceministerial 000036-2022-VMPCIC/MC, Ministerio de Cultura, 2022.
- IMARPE, ficha de la concha negra y del cangrejo del manglar, Catálogo Digital de la Biodiversidad Acuática del Perú.
- Donato, D. C., Kauffman, J. B., Murdiyarso, D., Kurnianto, S., Stidham, M. y Kanninen, M. (2011). Mangroves among the most carbon-rich forests in the tropics. Nature Geoscience, 4, 293-297.
- Escobedo-Galván, A. y Mejía Vargas, F. (2003). El cocodrilo de Tumbes (Crocodylus acutus Cuvier 1807), estudio preliminar de su estado actual en el norte de Perú. Ecología Aplicada, 2, 133-135.
- Charcape-Ravelo, M. y Moutarde, F. (2005). Diversidad florística y conservación del Santuario Regional de Piura Manglares San Pedro de Vice, Sechura. Revista Peruana de Biología, 12(2), 327-334.
- Instituto Geofísico del Perú, Identificación de servicios ecosistémicos en el Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes.