Peruanismos, el diccionario del habla peruana región por región
Cómo se habla en Lima, el norte, los Andes, Arequipa y la selva, y qué rasgos definen el acento, la jerga y la picardía de cada zona.
Los peruanismos son las palabras, expresiones y giros propios del castellano que se habla en el Perú. Cambian de una región a otra, hasta el punto de que un limeño, un piurano, un cusqueño, un arequipeño y un loretano pueden usar términos distintos para lo mismo y ubicarse unos a otros en el mapa en cuanto abren la boca.
Esa variedad tiene una explicación concreta. El país tiene tres macrorregiones geográficas muy distintas, un pasado de contacto intenso entre lenguas y una capital que lleva ochenta años recibiendo migración interna. El Ministerio de Cultura reconoce 48 lenguas indígenas u originarias vigentes, cuatro andinas y 44 amazónicas, habladas por más de 4,4 millones de personas. Cada una ha dejado algo en el castellano de su zona.
Cinco formas de hablar castellano en un mismo país
La clasificación de referencia sigue siendo la que propuso el lingüista Alberto Escobar en Variaciones sociolingüísticas del castellano en el Perú (1978). Escobar separó el castellano peruano en dos grandes tipos según un rasgo de pronunciación, la conservación o la pérdida de la diferencia entre ll e y. De ahí salen cinco variedades.
El tipo andino mantiene esa diferencia y agrupa la variedad andina propiamente dicha, la altiplánica de Puno y la del litoral y los Andes suroccidentales (Tacna, Moquegua, Arequipa). El tipo ribereño la ha perdido y reúne la variedad del litoral norteño y central con la amazónica.
A esas cinco variedades hay que sumarles algo que Escobar ya apuntaba. Desde el trasvase de población de los años cuarenta, Lima funciona como una olla donde los rasgos serranos y los costeños se mezclan, y de ahí sale el habla urbana que hoy identifica al país fuera de sus fronteras.
De dónde salen los peruanismos
El castellano llegó al Perú en el siglo XVI y se encontró un territorio que ya hablaba quechua, aimara, mochica en la costa norte y decenas de lenguas amazónicas. De esa convivencia de cinco siglos viene la capa más honda del vocabulario. Del quechua salieron voces que cruzaron todas las fronteras. Palta es la forma corriente de llamar al aguacate en Chile, Argentina, Bolivia y Uruguay, y cancha, del quechua kancha, nombra el campo de juego en casi toda América.
Las migraciones de los últimos dos siglos añadieron otra capa. Los cantoneses que llegaron desde mediados del siglo XIX dejaron la palabra chifa, del cantonés chi fan, comer arroz, y con ella el vocabulario de su cocina, del sillao al kion. La comunidad japonesa hizo lo mismo con la cocina nikkei, la presencia afroperuana marcó el habla popular de la costa desde la Colonia y cada plato del país terminó llevando su diccionario detrás.
Los diccionarios de peruanismos, de Juan de Arona al DiPerú
La obsesión por registrar estas palabras viene de lejos. En el siglo XVIII, el piurano Diego de Villegas y Quevedo revisó la letra m del Diccionario de Autoridades de la Real Academia. Entre 1883 y 1884, Juan de Arona, seudónimo de Pedro Paz Soldán y Unanue, publicó el primer Diccionario de Peruanismos, la obra que fundó el género, y en 1892 Ricardo Palma dio la batalla, con más empeño que éxito, para que las voces americanas entraran en el diccionario de la RAE.
El siglo XX profesionalizó el oficio, primero con Pedro Benvenutto Murrieta y después con Martha Hildebrandt y su Peruanismos, y en 1997 apareció el Vocabulario de Peruanismos de Miguel Ángel Ugarte Chamorro. La obra de referencia actual es el DiPerú de la Academia Peruana de la Lengua, un diccionario colectivo dirigido por Julio Calvo Pérez y publicado en 2016 que reúne alrededor de nueve mil palabras y locuciones. Este proyecto entra en esa tradición con una diferencia. Aquí las palabras van ordenadas por región, que es como se reparten de verdad en el mapa.
Los peruanismos, región por región
Cada bloque reúne el vocabulario de una zona y explica de dónde viene. Puedes consultarlos aquí.
Se habla en Lima Metropolitana, el Callao y la franja costera que va de Áncash a Ica. Es la variedad de mayor peso mediático del país y la que sirve de base al castellano peruano culto, así que buena parte de este vocabulario se entiende en todo el Perú. Aquí viven causa, pata, calato y helena.
Pronunciación. No distingue ll de y y relaja la s al final de sílaba, que suele oírse aspirada.
Origen del léxico. Jerga urbana muy productiva, con préstamos del quechua asentados desde la Colonia y aportes del habla afroperuana de barrios como el Rímac, Barrios Altos y La Victoria.
Mecanismo propio. La inversión de sílabas y el juego con la palabra dan lugar a una parte del argot popular limeño.
Capa reciente. Rasgos andinos incorporados tras la migración de los años cuarenta, hoy plenamente limeños.
Cubre Tumbes, Piura, Lambayeque y la costa de La Libertad. Es la variedad peruana más cercana al castellano ecuatorial que se habla al otro lado de la frontera, y la que tiene el acento más reconocible del país para cualquier oído peruano. Es la tierra del churre, del gua y del piajeno.
Entonación. Una curva melódica propia, distinta de la limeña, que basta para ubicar al hablante en el mapa.
Pronunciación. Debilita o elimina la y entre vocales, un rasgo especialmente marcado en Sechura, Lambayeque y Trujillo, y aspira la s con fuerza.
Sustrato. Huellas del mochica o muchik, lengua de la costa norte que se dejó de hablar a finales del siglo XIX, y de las hablas tallanas.
Campos semánticos. Vocabulario denso en agricultura de valle, pesca artesanal y vida de campo, con aportes del habla afroperuana de Morropón.
Se extiende por los valles interandinos del norte al sur, el altiplano de Puno y los Andes suroccidentales de Arequipa, Moquegua y Tacna. Nace de siglos de convivencia diaria entre el castellano, el quechua y el aimara, y esa mezcla se nota tanto en el vocabulario como en la forma de armar la frase. De ese contacto salieron la wawa, la chacra y el chuño.
Pronunciación. Conserva la diferencia entre ll e y, pronuncia la s silbante y nítida, y relaja las vocales hacia sonidos intermedios entre e e i y entre o y u.
Gramática. Posesivo duplicado, verbo desplazado al final de la frase y partículas de cierre que matizan lo dicho, todo ello calcado de la estructura del quechua.
Matiz. Un recurso reportativo señala que la información llega de oídas, algo que el quechua marca con un sufijo y el castellano andino resuelve con un verbo.
Tono. El diminutivo aparece con altísima frecuencia y funciona como marca de cortesía y de trato cercano.
Se habla en Loreto, Ucayali, San Martín, Madre de Dios, buena parte de Amazonas y la ceja de selva de Huánuco y Junín. Es la variedad con más lenguas alrededor, porque 44 de las 48 lenguas originarias vigentes del Perú se hablan en la Amazonía. Ahí suenan la cocha, el aguaje y el chullachaqui.
Pronunciación. La s se asimila hacia un sonido parecido a sh en muchos contextos y la ll se realiza con un zumbido característico.
Ritmo. Una entonación cantada, alargada, que los propios hablantes reivindican como seña de identidad.
Origen del léxico. Préstamos del quechua amazónico y de lenguas como el shipibo-konibo, el asháninka o el awajún, sobre todo en nombres de plantas, animales, comida y pesca.
Discutido. Escobar la agrupó con el habla costeña. Trabajos posteriores, como los de Luis Hernán Ramírez, la acercan más al castellano andino por fonética y por vocabulario.
Se habla en la ciudad de Arequipa y sobre todo en su campiña, la franja de valles regados que la rodea. Escobar la sitúa dentro del castellano del litoral y los Andes suroccidentales, junto con Moquegua y Tacna, aunque el habla de la campiña arequipeña tiene tanta personalidad que recibió nombre propio, el loncco.
Voseo. Conserva el vos que el resto del Perú perdió, con formas como tenís, hacís, querís, andá y venite.
Pronunciación. Un sonido que el castellano estándar no tiene, escrito cc y qq, parecido a una k seguida de una j, como en ccala o ccepe, y la tendencia a volver aguda la palabra llana.
Origen del léxico. Vocabulario de la chacra, la yunta y el riego, más el de la picantería, que es donde mejor se conserva.
El nombre. Loncco designaba a la herramienta sin filo, pasó al chacarero viejo o poco diestro y terminó nombrando a todo el arequipeño del campo. Empezó como desprecio y hoy se lleva con orgullo.
Los peruanismos son palabras, expresiones y giros propios del castellano hablado en el Perú. Algunos vienen del quechua, el aimara o las lenguas amazónicas, otros nacen en la jerga urbana de Lima y muchos circulan solo dentro de una región. El Ministerio de Cultura reconoce 48 lenguas originarias vigentes en el país, y ese contacto explica buena parte del vocabulario.
¿Cuántos peruanismos existen?
No hay una cifra cerrada. El DiPerú, el diccionario de la Academia Peruana de la Lengua publicado en 2016, reúne alrededor de nueve mil palabras y locuciones, y fuera de sus páginas quedan jergas que nacen y mueren con cada generación. Los repertorios regionales añaden además voces que los diccionarios generales no siempre registran.
¿Cuántas variedades del castellano se hablan en el Perú?
El lingüista Alberto Escobar describió en 1978 dos grandes tipos con cinco variedades. El castellano andino agrupa la variedad andina, la altiplánica de Puno y la del litoral y Andes suroccidentales. El castellano ribereño reúne la del litoral norteño y central y la amazónica. La clasificación se apoya sobre todo en rasgos de pronunciación.
¿En qué se diferencia el habla del norte del Perú de la de Lima?
El norte costero tiene entonación propia y debilita o pierde la y entre vocales, un rasgo marcado en Sechura, Lambayeque y Trujillo. También aspira la s con más fuerza. Su vocabulario conserva huellas del mochica, lengua hablada en la costa norte hasta finales del siglo XIX. El habla limeña funciona como variedad de prestigio y presiona sobre estos rasgos.
¿Por qué el castellano de la sierra suena distinto?
Por siglos de contacto con el quechua y el aimara. La sierra mantiene la diferencia entre ll e y, pronuncia la s de forma silbante y nítida, y relaja las vocales hacia sonidos intermedios. En la gramática aparecen el posesivo duplicado, el verbo desplazado al final de la frase y un uso muy productivo del diminutivo.
¿Por qué en Arequipa se habla de otra manera?
Porque la campiña arequipeña conservó rasgos que en el resto del país se perdieron. El más llamativo es el voseo, con formas como tenís, hacís y venite. A eso se suma un sonido propio que se escribe cc y qq, cercano a una k seguida de una j. A ese habla se le llama loncca y tiene diccionarios propios desde el siglo pasado.
¿El castellano de la selva se parece más al andino o al costeño?
Está discutido. Escobar lo agrupó en 1978 con el costeño porque ambos perdieron la distinción entre ll e y. Estudios posteriores como los de Luis Hernán Ramírez sostienen que, por fonética y por léxico, el amazónico tiene más en común con el andino. Las 44 lenguas originarias de la Amazonía pesan mucho en esa variedad.
¿Se usan los mismos peruanismos en todo el Perú?
No. Una parte del vocabulario circula por todo el país gracias a la televisión, la música y la migración interna hacia Lima. Otra parte se queda en su zona y resulta opaca fuera de ella. Un mismo término puede además cambiar de sentido al cruzar la cordillera, lo que explica más de un malentendido entre peruanos.
Fuentes. Escobar, Alberto. Variaciones sociolingüísticas del castellano en el Perú. Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 1978. Caravedo, Rocío. Sociolingüística del español de Lima. Lima, PUCP, 1990. Ramírez, Luis Hernán, estudios sobre el castellano amazónico, 2003. Carpio Muñoz, Juan Guillermo. Diccionario de arequipeñismos, 1999. Paz Soldán y Unanue, Pedro, Juan de Arona. Diccionario de Peruanismos. Lima, 1883-1884. Calvo Pérez, Julio, director. DiPerú. Diccionario de peruanismos. Academia Peruana de la Lengua, 2016. Ugarte Chamorro, Miguel Ángel. Vocabulario de Peruanismos. Lima, 1997. Real Academia Española, Diccionario de la lengua española y Diccionario de americanismos, para los quechuismos citados y la extensión de palta. Ministerio de Cultura del Perú, Base de Datos Oficial de Pueblos Indígenas u Originarios (BDPI) y Mapa Etnolingüístico, cifra de 48 lenguas originarias vigentes. Cerrón-Palomino, Rodolfo, trabajos sobre el contacto entre quechua y castellano.
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