Arequipa, la ciudad que salió de un volcán

Arequipa, la ciudad que salió de un volcán

Hace 1,65 millones de años reventó sobre el sur del Perú un volcán del que hoy no queda ni el nombre. Era anterior al Chachani y anterior al Misti. La erupción vació su cámara de magma, hundió el terreno en una caldera y sepultó la cuenca entera bajo una corriente de ceniza, pómez y roca pulverizada que bajaba a cientos de grados. Cuando aquel material se enfrió, quedó soldado en una piedra blanca, porosa y liviana. Los geólogos la llaman ignimbrita. En Arequipa la llaman sillar.

Está debajo de la ciudad, repartida por más de 600 kilómetros cuadrados que hoy ocupan los distritos de Yura, Cerro Colorado, Cayma, Yanahuara, Alto Selva Alegre, Sachaca y Uchumayo. Desde el siglo XVI los canteros la sacan a golpe de combo y cincel de las quebradas de Añashuayco, y con ella se levantaron la catedral, los claustros de la Compañía, los muros de Santa Catalina y las casonas de bóveda que siguieron en pie cuando los terremotos tumbaron el resto. A mediodía, con el sol cayendo a plomo sobre las fachadas, todo eso devuelve la luz. De ahí sale el apodo.

Aunque existe una segunda explicación y conviene contarla. Algunos historiadores sostienen que a Arequipa la llamaron blanca por su gente, por el peso de la población de origen español en el damero fundacional. El historiador arequipeño Jorge Bedregal ha descrito ese tránsito del apodo como un paso de la piel a la piedra. Contra esa lectura juega un testimonio incómodo. Heinrich Witt, un comerciante alemán que llegó en noviembre de 1824, calculó unos 30.000 habitantes y anotó que la proporción de gente realmente blanca era muy pequeña. La ciudad ya era mestiza cuando empezaron a llamarla así.

Debajo de esa piedra hay un volcán activo a diecisiete kilómetros de la plaza principal, una montaña donde nace el río más caudaloso del planeta, un cañón por el que planean aves de tres metros de ala, una cocina que el Estado peruano protege por resolución y un baile que la Unesco declaró patrimonio de la humanidad. Vamos por partes.

Dónde está Arequipa, cómo es y cuánta gente vive allí

Arequipa ocupa el suroeste del Perú. El departamento limita al norte con Ica, Ayacucho, Apurímac y Cusco, al este con Puno, al sur con Moquegua y al oeste con el océano Pacífico. Son 63.345 kilómetros cuadrados que empiezan literalmente en la orilla del mar, en el centro poblado de Chule, distrito de Mejía, a 2 metros sobre el nivel del mar, y terminan a 6.377 metros en el nevado Coropuna. Pocos territorios del tamaño de Croacia caben en semejante rango de altura.

La ciudad se asienta a unos 2.335 metros, en el valle del río Chili, con tres gigantes vigilándola desde el horizonte, el Misti, el Chachani y el Pichu Pichu. El clima es templado y desértico. Según los registros del Instituto Geofísico del Perú para la serie 1950-1991, la media anual de las temperaturas máximas es de 22,2 °C y la de las mínimas de 7,0 °C, con una precipitación acumulada de 95,3 milímetros al año. Menos de diez centímetros de agua en doce meses. Por algo el otro apodo de la ciudad habla del eterno cielo azul.

Los primeros resultados de los Censos Nacionales 2025, presentados por el INEI en mayo de 2026, dan al departamento 1.814.396 habitantes. Son 431.666 más que en 2017 y lo colocan como la cuarta región más poblada del país, por detrás de Lima, Piura y La Libertad. Alrededor del 96 % vive en zonas urbanas. El hallazgo que más ha llamado la atención de los demógrafos tiene que ver con la edad. Los menores de 15 años son ya el 19,4 % de la población regional, 351.619 personas, mientras la proporción de adultos mayores sube censo tras censo.

La ciudad es la segunda del Perú por número de habitantes y la sede oficial del Tribunal Constitucional, lo que le ha valido el título de capital jurídica del país. Su centro histórico, las 49 manzanas del trazado fundacional de 1540, entró en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco en el año 2000 por la manera en que las técnicas constructivas europeas y las indígenas se fundieron en el sillar.

De dónde viene el nombre de Arequipa

La versión que todo el mundo conoce es la del inca Mayta Cápac. Cuenta la tradición que, al pasar por este valle y ver lo fértil de la tierra, parte de su hueste le pidió quedarse y él respondió «arí, qhipay», «sí, quedaos». Bonita, aunque con un problema de fechas. Mayta Cápac gobernó en el siglo XII, cuando los incas eran todavía un señorío modesto en el Cusco, y la incorporación de esta región al Tahuantinsuyo ocurrió alrededor de 1450, bajo Pachacútec o bajo Túpac Inca Yupanqui. La tradición del valle del Colca y varias crónicas, entre ellas la del Inca Garcilaso de la Vega, insisten tanto en la presencia de Mayta Cápac que los historiadores apuntan a su panaca, el linaje de sus descendientes, instalado aquí como mitimae con derechos sobre la tierra.

Las etimologías con más respaldo lingüístico miran al aimara. Ernst Middendorf propuso «ari qhipaya», detrás del pico, en referencia al cono del Misti que domina el horizonte para quien llega desde el altiplano. El padre Blas Valera, citado por Garcilaso, se inclinaba por «ari qquepan», el caracol marino que se usaba como trompeta de guerra. Y hay una tercera pista, la del puquina, lengua que se hablaba aquí antes de la llegada aimara. Leonidas Bernedo Málaga, que en 1942 identificó el asentamiento puquina de Kasa-Patak en la zona de Tingo, defendió que el nombre original era «Are-quiapi» y que las lecturas quechua y aimara son posteriores.

Tres lenguas y ninguna certeza. La discusión sigue abierta y cuenta de Arequipa más que cualquiera de las respuestas.

El Misti, el volcán que vigila la ciudad

La cumbre del Misti está a 5.822 metros y a 17 kilómetros en línea recta del centro de Arequipa. El desnivel con la Plaza de Armas es de 3.500 metros. El volcán empezó a construirse hace 112.000 años sobre la caldera del que había fabricado el sillar, y arriba tiene dos cráteres encajados, uno de 935 metros de diámetro y otro de 530, con 200 metros de profundidad y un domo de lava de 100 metros en el fondo por cuyas grietas siguen saliendo fumarolas.

Es un volcán activo y con historial. Su última erupción de gran magnitud, pliniana y con índice de explosividad 5, ocurrió hace unos 2.050 años. La última de todas, mucho más modesta, se produjo entre 1440 y 1470, en tiempos de Pachacútec. Dejó una capa de ceniza negra de diez centímetros en lo alto del cono y de uno a cuatro centímetros sobre lo que hoy es la ciudad. El cronista Martín de Murúa describió el volcán cubriéndose de una nube oscurísima. Encima de esa ceniza negra, sin ningún estrato que las separe, los geólogos encuentran las cenizas blanquecinas del Huaynaputina, que reventó en 1600 al este de Arequipa.

Aquella erupción del siglo XV dejó otro rastro, y es de los que ponen la piel de gallina. En 1998, una expedición dirigida por Johan Reinhard y José Antonio Chávez, con investigadores de la Universidad Católica de Santa María, excavó en el borde interior del cráter, unos 100 metros por debajo de la cumbre, y encontró una capacocha. Ocho esqueletos humanos, quizá nueve, junto a 47 figurillas de oro, plata, cobre y concha spondylus, más cerámica, madera y artefactos de hueso y piedra. Es uno de los conjuntos de este tipo mejor documentados de los Andes. Los incas subieron a sus niños hasta ahí arriba para calmar a la montaña.

Hoy el Misti está vigilado las veinticuatro horas por el Observatorio Vulcanológico del Ingemmet y por el Observatorio Vulcanológico del Sur del Instituto Geofísico del Perú. Más de un millón de personas duermen a sus pies con una naturalidad que desconcierta al forastero.

En Arequipa nace el Amazonas

En 1971, el fotoperiodista Loren McIntyre, en una expedición de National Geographic, remontó los afluentes hasta dar con una ladera de la cordillera Chila, en la provincia arequipeña de Caylloma. Allí, en el nevado Mismi, brota de una lengua glaciar el agua que baja por la quebrada de Carhuasanta, se junta con la de Apacheta, forma el río Lloqueta, se convierte en Hornillos y termina en el Apurímac. El Apurímac alimenta al Ene, el Ene al Ucayali y el Ucayali al Amazonas. Desde ese hilo de agua hasta el Atlántico hay cerca de siete mil kilómetros.

La identificación se afinó en 1996, se confirmó con una segunda expedición de National Geographic en 2000 y volvió a corroborarse en 2001 y 2007. Hoy hay una cruz de madera y una placa en honor a McIntyre a más de cinco mil metros de altura, a once horas de camioneta desde la ciudad.

El asunto tiene disputa abierta, y es de las buenas. En 2014, James Contos y Nicholas Tripcevich publicaron en la revista Area, de la Royal Geographical Society, un trabajo que sitúa la fuente más lejana del Amazonas en la cuenca del río Mantaro, en la cordillera Rumi Cruz, unos 80 kilómetros más arriba que el Mismi. Trabajaron con imágenes de satélite, cartografía e hidrografía. Contos descendió además ambos ríos en kayak con un GPS para medir el recorrido real. Quienes defienden el Mismi responden con un argumento de peso. El Mantaro se queda seco unos cinco meses al año desde que la presa de Tablachaca, construida en 1974, desvía su caudal, y el geógrafo Juan Valdés, de National Geographic, sostiene que un cauce sin agua durante medio año no sirve para fijar el nacimiento de un río.

Gane quien gane la discusión, el Amazonas nace en el Perú. Y mientras el criterio siga siendo el del caudal permanente, nace en Arequipa.

El valle del Colca y el vuelo del cóndor

A tres horas y media de la ciudad, el río Colca lleva millones de años cortando una hendidura de más de cien kilómetros entre las cumbres del Hualca Hualca, el Ampato y el Sabancaya. Las cifras de profundidad bailan según dónde se tome la cota del borde superior, entre los 3.200 metros de las mediciones más conservadoras y los 4.160 de las más generosas. En el mismo departamento, en la provincia de La Unión, el cañón de Cotahuasi llega a 3.535 metros y le disputa el título del más profundo del Perú.

El abismo es solo la mitad del asunto. La otra mitad son los andenes. Las laderas del Colca están escalonadas en terrazas de cultivo que suben de los 3.000 a los 4.000 metros y siguen dando papa, maíz y quinua. Las levantaron los collaguas y los cabanas, los dos pueblos que se repartían el valle antes de los incas. Los collaguas venían de la puna del Titicaca y hablaban aimara. Los cabanas llegaron de la sierra de Ayacucho y hablaban quechua. Se distinguían entre ellos deformándose el cráneo, alargado en un caso y ancho y chato en el otro, una costumbre que el virrey Toledo prohibió. Las primeras huellas humanas de la zona, en las pinturas rupestres de la cueva de Mollepunco, se remontan al sexto milenio antes de Cristo.

En el mirador de la Cruz del Cóndor, al filo del cañón, ocurre cada mañana lo que la gente viene a ver. El cóndor andino (Vultur gryphus) despliega hasta 3,3 metros de envergadura y alcanza los 15 kilos, cifras que lo convierten en el ave voladora más grande del mundo por peso y envergadura combinados. Aprovecha las corrientes térmicas que suben del fondo del cañón y planea durante horas sin batir las alas. La UICN lo clasifica como especie vulnerable.

Sobre el valle asoma el Ampato, por encima de los 6.200 metros. En septiembre de 1995, la ceniza caliente que expulsaba el vecino Sabancaya derritió parte de su hielo y dejó al descubierto un fardo funerario que Johan Reinhard y el andinista Miguel Zárate localizaron cerca del cráter. Dentro estaba Juanita, una adolescente inca sacrificada hace más de quinientos años, congelada con sus tejidos, su ropa y sus ofrendas intactos. Se conserva a veinte grados bajo cero en el Museo Santuarios Andinos de Arequipa. En 2023, un equipo de la Universidad Católica de Santa María y del Centro de Estudios Andinos de la Universidad de Varsovia reconstruyó su rostro en tres dimensiones y corrigió su edad, entre catorce y quince años.

La comida arequipeña y el reino de la picantería

El 16 de abril de 2014, mediante la Resolución Viceministerial 033-2014-VMPCIC-MC, el Ministerio de Cultura del Perú declaró Patrimonio Cultural de la Nación a la picantería arequipeña. El expediente lo había presentado la Sociedad Picantera de Arequipa en mayo de 2013 y lo redactó Alonso Ruiz Rosas a partir de su libro «La gran cocina mestiza de Arequipa», publicado en 2012. La declaratoria cubre un espacio social entero, con sus insumos, sus técnicas de preparación y sus formas de consumo.

La picantería nació de las chicherías que se multiplicaron en los arrabales desde mediados del siglo XVI, donde se bebía chicha y se picaba algo con ají para acompañarla. Hacia 1750, el historiador arequipeño Ventura Travada y Córdova contaba tres mil chicherías entre la ciudad y las parroquias vecinas. En el siglo XIX tomaron el nombre de picantería y se les metió dentro la música.

Sin chicha de guiñapo no hay picantería. Se hace con maíz negro germinado, que se remoja tres días, se deja brotar seis sobre paja húmeda y se seca al sol antes de molerlo grueso. Las guiñaperas que preparan ese maíz son cada vez menos, y ahí está hoy la amenaza real para la tradición.

El menú va por días, y el orden cambia de una picantería a otra. Chaque el lunes, chairo el martes, chochoca el miércoles, puchero o chuño el jueves, el chupe del día el viernes, pebres y pucheros el fin de semana. El domingo es del adobo, carne de cerdo macerada en chicha y ají colorado que se come de madrugada con pan de tres puntas. Por las tardes salen los picantes, la familia de platos que da nombre a la casa, y con ellos los dobles y los triples.

El repertorio es largo. Rocoto relleno con pastel de papa, ocopa, chupe de camarones de los ríos Majes y Ocoña, solterito de queso, escribano, cuy chactado, cauche de queso, sarza de patitas. De postre, queso helado. Todo sale de la cocina de leña, con el batán de piedra donde se muele el llatan y el ají colorado. El escritor Carlos Herrera recoge una leyenda estupenda según la cual el rocoto relleno se inventó en el infierno, cuando un cocinero arequipeño llamado Manuel Masías bajó a rescatar el alma de su hija y tuvo que prepararle un banquete al diablo.

Al final llega el prende y apaga, un trago seco de anís seguido de un vaso de chicha. Y la conversación, que en una picantería forma parte del plato.

Las tradiciones que marcan el año arequipeño

El año se ordena aquí en torno a unas pocas fechas que la ciudad y la campiña defienden con terquedad. La primera llega con las lluvias, entre diciembre y marzo, cuando en los pueblos del valle del Colca se baila el wititi. La Unesco lo inscribió el 2 de diciembre de 2015, en la reunión de Windhoek, en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Es un baile de cortejo que marca la entrada en la edad adulta y que coincide con el arranque del ciclo agrícola. Las bailarinas salen con trajes bordados de motivos vegetales y sombreros bordados a mano. El wititi, el varón que da nombre a la danza, lleva dos faldas de mujer superpuestas, una camisa, una honda y una montera. Los pueblos compiten por presentar el mejor conjunto, y en esa rivalidad es donde la danza se mantiene viva. El expediente que viajó a la Unesco lo firmaron 624 portadores de la tradición.

Después llega el carnaval, con agua por las calles, comparsas y las coplas de doble sentido que los lonccos llevan generaciones afilando.

El Domingo de Resurrección toca la quema de Judas. Los barrios levantan un monigote de trapo y cartón y, antes de prenderle fuego, leen en voz alta su testamento, una sátira en verso que reparte estopa a autoridades, vecinos y a cualquiera que haya dado que hablar ese año. En Yanahuara se hace desde 1950. La del barrio de Siete Esquinas, en el cercado, ronda ya el siglo de vida. Radio Yaraví lee la suya cada año a las siete de la mañana. Cuesta encontrar una costumbre que retrate mejor a esta ciudad que la de quemar en público al que se ha portado mal, con verso y con guasa.

El 1 de mayo es de la Virgen de Chapi. Su santuario está en Polobaya, a unos sesenta kilómetros al sureste de la ciudad, en pleno desierto, y la devoción está documentada desde 1743, cuando la imagen se veneraba todavía como Virgen de la Candelaria. Cuenta la tradición que quisieron trasladarla a otro pueblo y que se volvió inamovible en una cuesta, de modo que ahí se quedó. Los peregrinos salen la tarde del 30 de abril y caminan de noche con velas para llegar de madrugada, mientras otros se incorporan en Siete Toldos, ya cerca del santuario. En 2019 la jornada reunió a más de doscientas mil personas. Es la fiesta religiosa más multitudinaria del sur del Perú.

Debajo de todas esas fechas suena una música. El yaraví es el canto de Arequipa, triste y a media voz, con guitarra. Cruzó el harawi andino con la canción trovadoresca española y se fue formando desde la segunda mitad del siglo XVIII en las picanterías, hasta que Mariano Melgar lo llevó a su poesía y con ella a la ciudad entera. El vals «Melgar», que Benigno Ballón Farfán y Percy Gibson compusieron en su honor, se volvió un clásico en la voz de Los Dávalos. En las fiestas, al yaraví se le suman la pampeña, el montonero y el carnaval loncco, que ya son música para bailar.

La Entrada de Ccapo de Cayma

Y luego está agosto, que en Arequipa dura el mes entero. Lo abre, en la víspera del día grande, el pasacalle más querido de la ciudad. El 14 de agosto sale del estadio de La Tomilla, en el distrito de Cayma, la Entrada de Ccapo, y baja hasta la Plaza de Armas.

El ccapo es un arbusto que crece en las faldas del Chachani y del Misti y que arde bien. Se recogía junto con la yareta y, como no había manera de bajarlo de otro modo, se cargaba en burros. Con esa leña se encendían las fogatas que calentaban las noches de las serenatas y de las fiestas patronales. La costumbre viene de la colonia, cuando comerciantes y vecinos llegaban a los pueblos a intercambiar productos y, terminada la fiesta, quemaban los arbustos sobrantes en grandes hogueras en la plaza. La Municipalidad de Cayma la recuperó en 1981, y desde entonces no ha faltado ningún agosto salvo en los años de la pandemia.

El desfile abre con los burros cargados de ccapo y engalanados para la ocasión. Detrás van los ccaperos con guitarra, soltando coplas de inspiración loncca, y tras ellos los mojigangos y los payasos. Vienen luego las comparsas de los pueblos tradicionales bailando pampeña, montonero y carnaval arequipeño, las yuntas de toros, la entrada de cirios y los carros alegóricos con estampas de picantería, de siembra y de cosecha. Las lecheras reparten mote y chicha de guiñapo entre el público que mira desde la acera. Cada edición se dedica a un motivo, y la de 2026 gira en torno a Mariano Melgar.

Desde hace un par de años hay una segunda Entrada de Ccapo, la de la Cuenca Sur Oriental, que arranca en el estadio de San Martín de Socabaya con delegaciones de Yarabamba, Mollebaya, Characato, Polobaya, Pocsi, Quequeña, Sabandía, Chiguata, Paucarpata, Socabaya y José Luis Bustamante y Rivero, y que se encuentra con la de Cayma en la Plaza de Armas. El historiador Eusebio Quiroz Paz Soldán describió esta costumbre como una forma cultural mestiza de raíz andina, nacida de algo tan simple como el uso del fuego para calentar la noche, y la situó entre los elementos que constituyen la identidad arequipeña.

El aniversario de Arequipa, qué se celebra el 15 de agosto y cómo

El 15 de agosto de 1540, Garcí Manuel de Carbajal trazó en el valle del Chili las cuarenta y nueve manzanas de la Villa Hermosa de Nuestra Señora de la Asunción. La fecha no salió al azar. Es el día de la Virgen de la Asunción, patrona de la ciudad desde entonces, y así funcionaban las fundaciones españolas, con el santoral marcando el calendario. Al año siguiente, el 22 de septiembre de 1541, una cédula real de Carlos V ordenó que se la llamara Ciudad de Arequipa. En 2026 cumple 486 años.

El día central arranca temprano. A las nueve de la mañana se izan el pabellón nacional y la bandera de Arequipa en la Plaza de Armas, con desfile cívico y militar. Después vienen la misa y la procesión de la Virgen de la Asunción. Por la tarde recorre las avenidas el Corso de la Amistad, el desfile grande, con carros alegóricos, delegaciones de danza y la ciudad entera en las aceras. La noche anterior, la plaza se llena para la serenata a Arequipa y termina con fuegos artificiales.

El programa cambia de un año a otro, aunque hay piezas que se repiten. La Festidanza reúne conjuntos folclóricos de toda la región. Los criadores montan sus concursos de peleas de toros en las canchas de Characato y del puente Fierro, donde compiten dos animales entre sí y la cosa termina cuando uno se retira. Ninguno muere. La costumbre nació entre agricultores que veían medirse a sus yuntas en el descanso de la faena, y la Municipalidad Provincial la declaró Patrimonio Histórico de Arequipa en 2016. Los criadores todavía nombran a Menelik como se nombra a un campeón.

El resto del calendario se llena de concursos y de comida. Caballo peruano de paso en Chilina, ascenso al Misti y carrera de montaña desde Tiabaya, festivales gastronómicos por distritos como el de la sarza de sencca en Sachaca, concurso nacional de pintura rápida en el barrio de San Lázaro, bandas sinfónicas escolares en la Plaza de Armas y la Feria Internacional de Arequipa. En agosto de 2025 la ciudad esperaba unos cincuenta mil visitantes.

Nada de esto se concentra en una jornada. Agosto entero es el mes jubilar y la ciudad lo vive como tal, con las picanterías llenas, las serenatas de barrio y el queso helado despachándose a cucharadas en la plaza.

El carácter del arequipeño

Al arequipeño de toda la vida se le dice characato, término que viene del quechua y que comparte con un distrito de la campiña que rodea la ciudad. Al campesino de esa campiña se le llama loncco, y su manera de hablar, un castellano cargado de quechuismos y con una entonación que sube y baja, dio lugar a una literatura propia de cuentos y poemas lonccos. Los arequipeños hablan cantando, y lo saben.

El otro rasgo cuesta más de explicarle a un forastero. Arequipa lleva dos siglos moviendo la política peruana desde mil kilómetros al sur de Lima. En 1882, durante la guerra del Pacífico, el presidente Lizardo Montero trasladó allí la capital de la República. En 1930, Luis Sánchez Cerro se proclamó jefe supremo desde Arequipa y forzó la renuncia de Augusto B. Leguía. En 1948, Manuel Odría hizo lo propio con José Luis Bustamante y Rivero, arequipeño él también. En junio de 1950, una huelga de los alumnos del Colegio Nacional de la Independencia Americana derivó en una rebelión ciudadana contra la dictadura de Odría que se reprimió a tiros. Y en diciembre de 1955, tres días de lucha en las calles tumbaron a Esparza Zañartu, el hombre fuerte del régimen, y abrieron el camino a las elecciones libres de 1956. En 2002, el Arequipazo volvió a llenar las calles de barricadas hechas con los adoquines de siempre.

De ahí vienen sus apodos, el León del Sur y la Ciudad Caudillo. Y de ahí viene también la broma más arequipeña de todas, la República Independiente de Arequipa, con su cónsul, su pasaporte de recuerdo creado en 1980 por Willy Galdos y su moneda, el Characato de Oro, acuñada en 1985 con un loncco por una cara y el Misti por la otra. Se agotó el primer día. Nadie pide visa para entrar en la ciudad, aunque a más de uno le haría ilusión.

La lista de arequipeños ilustres se lee sola. Mariano Melgar, fusilado a los veinticuatro años el 12 de marzo de 1815, al día siguiente de la batalla de Umachiri. Mario Vargas Llosa, nacido el 28 de marzo de 1936 y premio Nobel de Literatura en 2010, que murió en Lima el 13 de abril de 2025.

Datos curiosos de Arequipa que casi nadie conoce

Entre 1891 y 1927, el Observatorio del Harvard College tuvo su estación del hemisferio sur en Carmen Alto, a las afueras de Arequipa. La llamaron Boyden, por el ingeniero cuya donación la financió, y desde allí se fotografió de forma sistemática un cielo que desde Massachusetts no se ve. Las placas de vidrio viajaban a Cambridge, donde las analizaban las mujeres contratadas por el observatorio. Una de ellas, Henrietta Swan Leavitt, trabajando sobre placas de las Nubes de Magallanes tomadas en Arequipa, estableció la relación entre el periodo y la luminosidad de las estrellas cefeidas. Esa relación se convirtió en la vara con la que se mide la distancia a otras galaxias. Solon Bailey, primer director de la estación, montó además un puesto meteorológico en la cumbre del Misti, el más alto del mundo en su momento.

El 16 de agosto de 1898, un ayudante de esa estación llamado DeLisle Stewart fotografió Saturno desde Carmen Alto. En marzo de 1899, al revisar aquellas placas, William Henry Pickering encontró un punto que no correspondía a ninguna de las ocho lunas conocidas del planeta. Era Febe, el primer satélite de la historia descubierto por fotografía.

Hay un asteroide que se llama Arequipa. Lo descubrió Joel Hastings Metcalf el 7 de diciembre de 1912 desde Winchester, en Massachusetts, y lleva ese nombre por la ciudad donde Harvard tenía su observatorio austral. El (737) Arequipa mide unos 44 kilómetros de diámetro y tarda 4,17 años en dar la vuelta al Sol.

El monasterio de Santa Catalina, fundado el 10 de septiembre de 1579, ocupa 20.426 metros cuadrados en pleno centro y funciona como una ciudad dentro de la ciudad, con calles bautizadas como Sevilla, Toledo, Málaga, Córdoba, Granada y Burgos, y un muro de cuatro metros que la separaba del resto. Estuvo cerrada al mundo 391 años. Abrió al público en 1970 y en el ala norte siguen viviendo monjas de clausura.

El queso helado no lleva queso. Se prepara con leche, canela, clavo de olor y coco, y el nombre viene del aspecto que toman las capas de leche congelada al servirse, parecido al del queso fresco. Desde 2012, el cuarto domingo de enero se celebra en la Plaza de Armas el Día del Queso Helado Arequipeño.

Y la misma roca que levantó la ciudad sirvió de soporte al conjunto de arte rupestre más extenso del Perú. En el valle de Majes, distrito de Uraca, se reparten por unos cinco kilómetros cuadrados más de cinco mil bloques de ignimbrita grabados en bajo relieve con figuras de animales, de personas y de formas geométricas. Es Toro Muerto. El arqueólogo Eloy Linares Málaga lo dio a conocer para la ciencia en 1951 y desde 2019 figura en la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial de la Unesco. La piedra de las fachadas del centro histórico y la de esos petroglifos salieron del mismo tipo de erupción.

El forastero llega a Arequipa buscando el volcán y se acaba quedando por la mesa, por el sillar labrado a mano y por la manera que tiene esta gente de defender lo suyo sin necesidad de rebajar lo ajeno. La piedra que sostiene la ciudad salió de una catástrofe, se corta con herramienta de mano y lleva cinco siglos aguantando terremotos. Cuesta encontrar mejor retrato.

Navega por el mapa arequipeño y descubre sus calles

Disfruta de estas increíbles fotos de Arequipa

Preguntas frecuentes sobre Arequipa

¿Por qué a Arequipa la llaman la Ciudad Blanca?

Por el sillar, la piedra volcánica blanca con la que está construido su centro histórico. Se formó hace 1,65 millones de años en la erupción de un volcán anterior al Chachani y al Misti, y se extrae en las canteras de Añashuayco. Algunos historiadores atribuyen el apodo a la composición de la población colonial, aunque hoy predomina la explicación de la piedra.

¿Qué significa la palabra Arequipa?

No hay acuerdo entre los especialistas. La leyenda más difundida la atribuye al inca Mayta Cápac y a la frase quechua arí qhipay, sí quedaos, aunque las fechas no encajan. Ernst Middendorf propuso el aimara ari qhipaya, detrás del pico, por el cono del Misti. Leonidas Bernedo Málaga defendió un origen puquina, la lengua anterior a la llegada aimara.

¿El volcán Misti está activo?

Sí. El Misti es uno de los volcanes activos del sur del Perú y lo vigilan las veinticuatro horas el Observatorio Vulcanológico del Ingemmet y el del Instituto Geofísico del Perú. Su última erupción ocurrió entre 1440 y 1470 y fue moderada. La última de gran magnitud, con índice de explosividad 5, sucedió hace unos 2.050 años.

¿Dónde nace el río Amazonas?

En el nevado Mismi, en la provincia arequipeña de Caylloma, según la identificación que hizo National Geographic en 1971 y confirmaron expediciones posteriores. El agua baja por la quebrada de Carhuasanta hasta el río Apurímac. Un estudio de 2014 sitúa la fuente más lejana en la cuenca del Mantaro, algo discutido porque ese cauce se seca varios meses al año.

¿Cuál es el cañón más profundo del Perú, el Colca o el Cotahuasi?

Depende de dónde se mida. El Cotahuasi, en la provincia arequipeña de La Unión, alcanza 3.535 metros y suele figurar como el más profundo. Al Colca se le atribuyen entre 3.200 y 4.160 metros según dónde se tome la cota del borde superior. Los dos están en el departamento de Arequipa y el Colca es bastante más largo.

¿Cuál es la comida típica de Arequipa?

Rocoto relleno con pastel de papa, chupe de camarones, ocopa, adobo, solterito de queso, cuy chactado y queso helado de postre. Se come en las picanterías, declaradas Patrimonio Cultural de la Nación el 16 de abril de 2014, donde cada día de la semana tiene su plato y todo se acompaña con chicha de guiñapo.

¿Por qué el aniversario de Arequipa se celebra el 15 de agosto?

Porque ese día de 1540 Garcí Manuel de Carbajal fundó la Villa Hermosa de Nuestra Señora de la Asunción en el valle del Chili. La fecha coincide con el día de la Virgen de la Asunción, patrona de la ciudad. El 22 de septiembre de 1541, una cédula real de Carlos V ordenó llamarla Ciudad de Arequipa.

¿El 15 de agosto es feriado en Arequipa?

En la provincia de Arequipa, el 15 de agosto es día cívico no laborable por mandato del artículo 8 de la Ley 24875. Alcanza tanto al sector público como al privado. En el sector público el descanso es remunerado y sin compensación de horas. La fecha no se traslada, así que si cae en sábado se descansa ese mismo día. En el resto del Perú es jornada hábil.

¿Qué es la Entrada de Ccapo de Cayma?

Un pasacalle que sale el 14 de agosto del estadio de La Tomilla, en el distrito de Cayma, y baja hasta la Plaza de Armas. Recuerda el traslado en burro del ccapo y la yareta, los arbustos con los que se encendían las fogatas de las serenatas. La Municipalidad de Cayma recuperó la costumbre en 1981.

¿Cuántos habitantes tiene Arequipa?

El departamento tiene 1.814.396 habitantes según los primeros resultados de los Censos Nacionales 2025, presentados por el INEI en mayo de 2026. Son 431.666 más que en 2017 y lo convierten en la cuarta región más poblada del Perú. Alrededor del 96 % de esa población vive en zonas urbanas.

¿Por qué el queso helado se llama así si no lleva queso?

Por su aspecto. El postre se prepara con leche, canela, clavo de olor y coco, y las capas de leche congelada recuerdan al queso fresco cuando se sirven en la copa. Es originario de Arequipa y desde 2012 tiene su propio día, el cuarto domingo de enero, en la Plaza de Armas de la ciudad.

Regresar al blog

1 comentario

Qué sorprendente es Arequipa, además de su cultura, tradiciones y gastronomía!

Sara

Deja un comentario

Se acabó este artículo sobre el Perú 🇵🇪

Perú tiene historias infinitas y cada poco contaremos una nueva. Recetas con siglos encima, naturaleza fascinante, personajes únicos y miles de datos increíbles.

Únete a nuestro canal de WhatsApp y te llega el aviso en cuanto publicamos. Cero spam, solo el artículo nuevo.

https://whatsapp.com/channel/0029Vb7bc7b11ulTtFPpOC2o

instagram.com/the.peruvian.store

tiktok.com/@the.peruvian.store